miércoles, 5 de julio de 2017

DESARROLLO PSICOMOTOR DEL NIÑO DE 0 A 6 AÑOS

DESARROLLO PSICOMOTOR DEL NIÑO DE 0 A 6 AÑOS


Del 1º al 2º mes:

  •  Cabeza: débil, cae hacía un lado. Puede elevarla de vez en cuando, muy pocas veces, pero sin sobre pasar el ángulo de 45º sobre la superficie en la que se sitúa.
  • Tronco: débil, su tono muscular aun es hipotónico. La mayoría presentan curvatura en la espalda (cifosis dorsal), como se puede ver en la imagen de la 4º entrada anterior refiriéndose a la hipotonía.
  •  Miembros: aun domina la hipertonía en ellos, presentando a lo largo de todo el primer mes y parte del segundo la "postura fetal", con los brazos y piernas encogidas. La mayoría de movimientos que hace son globales, de todo el cuerpo.
  •  Prensión: el recién nacido, como dijimos anteriormente, presenta el reflejo arcaico de Grasping, que poco a poco va disminuyendo en el segundo mes.
  • Visión: el pequeño es capaz de seguir un objeto hasta los 90º el primer mes y hasta 180º en el transcurso del segundo. Por encima de todo lo que más le gusta mirar es el rostro humano, mirándolo atentamente, llegando a sonreírle.


Del 3º al 4º mes: 

  • Cabeza: es capaz de mantener la cabeza erguida cuando lo sostenemos sentado, haciéndolo también cuando pasa de estar tumbado a estar sentado. En posición ventral (bocabajo) puede elevar la cabeza de 45º a 90º por encima de la superficie en la que esté. 
  • Tronco: la espalda ya ha conseguido la hipertonía que necesitaba y es capaz de mantenerla firme, aunque la zona lumbar aun es débil y necesita ser sostenida.
  • Miembros: estos se empiezan a destensar, se relajan estando en extensión. En posición dorsal (boca-arriba) es capaz de girar la espalda a los costados, y en posición ventral se puede apoyar sobre los antebrazos para elevar la cabeza y los hombros. También es capaz de poner un pie sobre la rodilla opuesta. A los 4 meses es capaz de flexionar y extender todos sus miembros.
  • Prensión: aparece la "presión al contacto", que sustituye al reflejo de Grasping. Es una presión involuntaria, global y palmar, producida al notar que algo contacta con su mano, de tipo tactilo-motriz. A los 3 meses el dedo pulgar no está formando el puño cuando cierra la mano, y en los 4 meses mantiene las manos abiertas la mitad del tiempo. 
  •  Visión: el niño gira completamente la cabeza para seguir un objeto que se desplaza, tanto de arriba a abajo, como de izquierda a derecha, y viceversa. A los 4 meses descubre sus manos y se las lleva a la boca.

Del 5º al 6º mes:

  • Cabeza y tronco: muy sólidos. En posición ventral el pequeño puede levantar la cabeza y el tronco apoyándose sobre sus codos, y después sobre sus manos, siendo capaz de manipular un juguete con las dos manos. También es capaz de girar desde la posición ventral a la de costado, y a la dorsal, por si solo.
  • Miembros: Tiene una gran capacidad muscular. Es capaz de dar saltitos sosteniéndolo en pie, en posición ventral puede elevar los brazos y las piernas apoyándose en su tórax, y girar de esta a la posición dorsal sin problema, y estando en esta posición hacer movimientos de pedaleo y cogerse los pies, y, también, puede permanecer sentado con el apoyo anterior de las manos.
  • Presión: aparece la prensión voluntaria, que sustituye a la anterior. Es una presión palmar, global e imprecisa, el niño coge un objeto entre la palma de la mano y los tres últimos dedos, y en la mayoría de los casos se lo lleva a la boca (para reconocer todas sus cualidades). También es capaz de soltarlo voluntariamente. Además, en estos meses juega con sus manos, puede estrujar un papel, coge objetos y se los pasa de una mano a otra y golpea los objetos contra una superficie.
  • Visión: el niño ve bien desde el 4º mes (su capacidad visual es ya como la del adulto) y puede girar completamente sobre sí mismo, en ambos sentidos, para seguir a alguien. También mira objetos distantes.

Del 7º al 8º mes:


  • Cabeza y tronco: El niño ya es capaz de mantenerse sentado solo (sin apoyos). También puede girar sobre si mismo en los dos sentidos, inclinarse para coger sus juguetes y de pasar sentado a tumbado y viceversa. Además sabe elevar su cuerpo sosteniéndolo solo con manos y pies. 
  • Miembros: le gusta mucho jugar con sus manos y sus pies, se los lleva a la boca en muchas ocasiones, al igual que hace con el pulgar. Comienza a reptar, y da saltitos cuando le sostienen de pie.
  • Prensión: aparece la prensión en pinza inferior: se agarran los objetos entre el pulgar y el índice, y el relajamiento de esta es global y voluntario. Ya puede coger un objeto con cada mano (a la vez), y cuando solo tiene uno se lo pasa de una mano a otra con más seguridad. Además observa detenidamente los objetos que tiene en las manos. 


Del 9º al 10º mes:

  • Posiciones: al principio de estos meses, el niño empieza a arrastrarse sobre el vientre, pero poco a poco empezará a gatear, primero sobre las manos y las rodillas y después sobre las manos y los pies. Primero lo hará hacía atrás, después hacía delante. También es capaz de ponerse en pie él solo, pero sosteniéndose en los muebles, cae a menudo. A los 10 meses, es capaz de, estando sentado, girar.
  • Prensión: aparece la prensión en pinza superior: agarra los objetos pequeños entre la base del pulgar y el índice. Empieza la independencia manual. Además ya puede aparte de coger un objeto con cada mano, soltarlos a la vez, y llega a realizar intercambio de objetos con sus padres, les ofrece los que tiene él. También, tiene el sentido del medio y del fin y del continente y el contenido (consiste en introducir y retirar objetos en/de una caja).



Del 11º al 12º mes:

  •  Posiciones: a los 11 meses el pequeño comienza a dar sus primeros pasos pero si el adulto le coge de las dos manos, aun así también comienza la marcha lateral que hace él solo pero apoyándose en los muebles, después comenzará a darlos pero apoyándose solo de una mano. Aun así a los 12 meses la mayoría de los niños comienzan a andar, ellos solos, pero sufre muchas caídas. Además, son capaces de agacharse y volverse a levantar sin caerse agarrándose a un objeto fijo. También, se ejercita en dar patadas.
  • Prensión: aparece ya la presión en pinza fina o superior, la prensión es fina y precisa. El niño perfecciona la presión con el pulgar y el índice, es decir, coge los objetos pequeños con la punta del índice y el pulgar. Empieza a utilizar su dedo índice para señalar las cosas. Hace sus primeros garabatos, tiene sentido de la profundidad y le gusta encajar objetos, además, sentado es capaz de lanzar una pelota.



A los 13 meses: es capaz de coger 2 objetos con una sola mano y de garabatear el papel por imitación y con ayuda. También, es capaz de subir a gatas una escalera (bajar aun no).

A los 14 meses: ya garabatea de manera espontanea sobre un papel (o cualquier soporte que tenga a mano).

Del 15º al 18º mes:

  • Posiciones: A los 15 meses el niño ya anda solo con total soltura, y a los 18 comienza a correr. A los 15 meses sube las escaleras de pie pero cogido de la mano, pero bajarlas no lo hará hasta los 21 meses. También, se arrodilla para coger un objeto y se pone de pie solo, pero cae a menudo. Ya es capaz de andar arrastrando un objeto (juguetes de arrastre). 
  •  Prensión: a estos meses los pequeños son capaces de lanzar, tirar y empujar. De devolver bien el balón (aunque a los 15 meses se suele caer cuando lo lanza, a los 18 mejora su equilibrio y no cae). De introducir objetos muy pequeños en una botella (la relajación de la prensión es cada vez más fina y precisa). De sostener la cuchara. De pasar las páginas de un libro para niños pequeños, aunque aún se salta algunas páginas. De construir torres de 2 o 4 cubos, de enganchar elementos en un tablero (círculo, cuadrado y triángulo) y de insertar aros en un soporte. Además sabe reproducir un trazo hecho por el adulto y sigue haciendo garabatos.




De 2 a 3 años:


  •  Posiciones: a partir de los 2 años el pequeño se mueve con total soltura: anda, corre deprisa, trepa, gira, salta (sobre los dos pies y después sobre uno solo), sube y baja escaleras el solo (alternando los pues y apoyándose en la pared) y chuta el balón con el pie sin caerse (mantiene el equilibrio).
  • Prensión: tiene buena rotación de muñeca. Además puede lavarse solo, abrir y cerrar las puertas, ponerse sus zapatos, pasar las páginas de un libro para niños de una en una, hacer garabatos a los 2 años y ya el cuerpo humano a los 3, hacer torres de 6 y 8 cubos, encajar elementos, contar hasta 4 a los 2 años y hasta 8 a los 3, diferencia y conoce 2 o 4 colores y comprende de 2 a 4 órdenes dadas a la vez. 


De 3 a 4 años, adquiere:

  • La capacidad de control de la tonicidad que permite la disociación de movimientos de brazos y piernas.
  • La capacidad de control del equilibrio momentáneo sobre un pie y de equilibrio con los ojos cerrados.
  • La capacidad de control y regulación del sistema postural para: subir escaleras alternadamente, saltar con los dos pues juntos, correr con aceleraciones y desaceleraciones en curvas, dar volteretas hacía delante, montar en triciclo, andar sobre un plano inclinado, dar saltos con el pie preferido y andar sobre el banco de equilibrio.
  • La capacidad viso motriz para: lanzar un balón hasta una distancia de unos tres metros, coger con ambas manos un balón lanzado hacía él o golpearlo, construir torres de 9 cubos, copiar un círculo y una cruz incorrectamente, cortar con tijeras en línea recta y desabrochar botones accesibles.
  • La capacidad grafo motriz para expresar con dibujos estructuras circulares.
  • La capacidad de desarrollo del esquema corporal que le permite conocer todas las partes de su cuerpo y la simbolización gráfica incompleta de su propia imagen. 
  • La capacidad de organización del espacio para orientarse y recordar recorridos simples.



De 4 a 5 años, adquiere:

  • El control de la distensión tónica voluntaria.
  • La anticipación motriz.
  • La capacidad de control del equilibrio sobre un pie.
  • La capacidad de control y regulación del sistema postural para: trotar hacía delante, correr con cambios de dirección, subir y bajar escaleras alternadamente, saltar con un pie, a la cuerda y saltar cayendo sobre la punta de los pies y andar sobre una línea recta. 
  • La capacidad viso motriz para: lanzar y recoger el balón, controlar la prensión de los objetos, cortar con tijeras un círculo, copiar de modo "feo" dibujos simples y desabrochar botones. 
  • La capacidad grafo motriz para simbolizar objetos y personas. Fortaleciendo así el desarrollo de la representación mental. 
  • La capacidad de desarrollo del esquema corporal que le permite la simbolización gráfica completa pero sin detalles de su propia imagen. 
  • La capacidad de organización del espacio para actuar en recorridos, en función de órdenes espaciales precisas. 


De 5 a 6 años, 
adquiere:

  • El control total de la distensión tónica voluntaria.
  • La anticipación motriz, aumenta de grado consiguiendo aprendizajes que requieran motricidad fina. 
  • La capacidad de control del equilibrio sobre un pie con brazos doblados sobre el tórax. 
  • La capacidad de control y regulación del sistema postural para: subir y bajar escaleras corriendo, saltar alternativamente con un pie y con los dos juntos y correr en cualquier dirección.
  • La capacidad viso motriz para: lanzar y recoger el balón a diferentes distancias y botarlo, copiar dibujos complejos y hacerse las lazadas de los zapatos.
  • La capacidad grafo motriz para simbolizar trazos complejos: rotaciones, desplazamientos y combinaciones de ambas.
  • La capacidad de desarrollo del esquema corporal que le permite la simbolización gráfica completa con detalles de su propia imagen, además de la preferencia manual definitiva para coger los instrumentos. También se integra las nociones espaciales de izquierda y derecha. 
  • La expresión corporal y gráfica de estructuras rítmicas, de realizar compases.



ASPECTOS DEL DESARROLLO PSICOMOTOR

ASPECTOS DEL DESARROLLO PSICOMOTOR



El término psicomotricidad tiene dos acepciones básicas. Para algunos, como García y Martínez (1991), la psicomotricidad supone la interrelación entre las funciones neuromotrices y las funciones psíquicas en el ser humano. Para otros, hace referencia al conjunto de técnicas encaminadas a un desarrollo global que, partiendo de la educación del movimiento y gesto, posibilite alcanzar la función simbólica y la interacción correcta con el medio ambiente. En la actualidad la psicomotricidad contempla ambas acepciones. Basándonos fundamentalmente en los trabajos de Cobos (1999) y Picq y Vayer (1977) exponemos aquí aquellos aspectos del desarrollo psicomotor que son la base de los aprendizajes escolares. Estos aspectos son los que han generado más investigación, mayor número de programas y estrategias de intervención.

ESQUEMA CORPORAL

Según Ballesteros (1982), este concepto se puede definir como la representación que tenemos de nuestro cuerpo, de los diferentes segmentos, de sus posibilidades de movimiento y de acción, así como de sus diversas limitaciones. Es un proceso complejo ligado a procesos perceptivos, cognitivos y práxicos, que comienza a partir del nacimiento y finaliza en la pubertad, interviniendo en el mismo la maduración neurológica y sensitiva, la interacción social y el desarrollo del lenguaje.

Las experiencias producidas por el movimiento, los resultados de dicho movimiento y la percepción del cuerpo de otros sientan las bases sobre las que se va a elaborar la percepción del cuerpo propio. Durante el segundo año de vida el niño manifiesta una progresiva diferenciación de algunas partes del cuerpo y en el tercero, los niños son capaces de identificar ojos, boca, orejas, nariz, manos, brazos, pies y piernas.

El lenguaje va a jugar un papel esencial en la construcción del esquema corporal, ya que además de permitir nombrar las partes que componen el cuerpo, como regulador de las secuencias de actos motores en la interacción con el ambiente a través del juego. La representación corporal hace posible la utilización del cuerpo de forma coordinada mediante el ajuste de la acción a lo que se quiere o desea.

Entre los 2 y 5 años los niños van mejorando la imagen de su cuerpo y los elementos que lo integran, van perfeccionando movimientos, estabilizando su lateralización y conquistando el espacio, relacionándose y actuando en él. Aunque entre 5 y 6 años el esquema corporal es bastante bueno en cuanto a la calidad de los movimientos y a la representación que se tiene del mismo, todavía se deben dominar conceptos espaciotemporales que permitan situarse adecuadamente en el espacio, en el tiempo y con relación a los objetos. De 6 a 12 años se sigue perfeccionando el esquema corporal, el movimiento se hace más reflexivo, permitiendo una potenciación de la representación mental del cuerpo y del movimiento en función del tiempo y el espacio.

Los trastornos del esquema corporal, si no se deben a una causa de tipo neurológico, se relacionan con déficits en su conocimiento o en su representación simbólica, por una inadecuada lateralización, concepción espacial o por no poder situar el cuerpo como un objeto en el campo de la relación.

Se considera que un niño presenta un retraso en la elaboración del esquema corporal si a los 3 años no es capaz de reconocer, señalando o nombrando, los elementos de la cara, o si a los 6 no lo reconociera en sí mismo o no pudiera representarlo, además es esperable que a esta edad los niños distingan su derecha e izquierda y conozcan algunos conceptos espacio-temporales sencillos como arriba/abajo, delante/detrás, primero/último, ayer/mañana, etc.

LATERALIDAD

El cuerpo humano aunque a nivel anatómico es simétrico, a nivel funcional es asimétrico. El término lateralidad se refiere a la preferencia de utilización de una de las partes simétricas del cuerpo humano, mano, ojo, oído y pie. El proceso por el cual se desarrolla recibe el nombre de lateralización y depende de la dominancia hemisférica. Así, si la dominancia hemisférica es izquierda se presenta una dominancia lateral derecha, y viceversa. El que una persona sea diestra o zurda depende del proceso de lateralización. Se considera que un niño está homogéneamente lateralizado si usa de forma consistente los elementos de un determinado lado, sea éste el derecho (diestro) o el izquierdo (zurdo). Cuando la ejecución de un sujeto con una mano sea tan buena como con la otra se le denomina ambidextro. Mora y Palacios (1990) establecen que la lateralización se produce entre los 3 y los 6 años.

Si un niño de 5 años no tiene todavía definida su dominancia lateral, especialmente, la referente a la mano, es necesario reconducir la misma hacia el lado o mano con la que el sujeto se muestre más hábil y/o preciso.

ESTRUCTURACIÓN ESPACIO-TEMPORAL

La orientación espacial implica establecer relaciones entre el cuerpo y los demás objetos, está asociada al espacio perceptivo e incluye esencialmente relaciones topológicas. La estructuración del espacio conlleva adquirir nociones de conservación, distancia, reversibilidad, etc., por lo que se convierte en un proceso largo que se va configurando desde los planos más sencillos (arriba, abajo, delante, atrás...) a los más complejos (derecha-izquierda), dándose primero en la acción y pasando posteriormente a ser representados en uno mismo, en el otro y en el espacio con los objetos.

No hay que confundir la dominancia lateral con discriminar las nociones espaciales derecha-izquierda en sí mismo o en los otros. El concepto derecha-izquierda se va configurando entre los 5 y los 8 años.

Generalmente los niños de 6 años tienen adquiridos los conceptos básicos espaciales y la noción derecha-izquierda sobre sí mismo. La discriminación de la derecha e izquierda de otro situado enfrente se consigue a partir de los 8 años y la posición relativa de tres objetos a los 11-12 años.

El conocimiento de estos conceptos es fundamental cara a los aprendizajes escolares, ya que el desconocimiento de los mismos se relaciona con alteraciones de la lectura (dislexia), de la escritura (disgrafía) y dispraxias.

La estructuración temporal tiene 2 componentes principales: el orden y la duración. El orden permite tomar conciencia de la secuencia de los acontecimientos y la duración permite establecer el principio y final de los mismos. El ritmo sintetiza ambos elementos constituyendo la base de la experiencia temporal.

La evolución de la comprensión del orden y la duración tiene lugar de los 2 a los 12 años. Los niños de 2 a 6 años tienen dificultades para establecer seriaciones cronológicas y lógicas de los acontecimientos, pero cuando tienen de 7 a 12 años pueden realizar tareas lógicas que impliquen la conservación, la reversibilidad y los ordenamientos, lo que va a ayudar a que las nociones temporales se adquieran completamente.

La íntima relación entre ritmo y motricidad se pone de manifiesto en el movimiento. Igualmente relacionados están el ritmo y la lectura al principio de su aprendizaje, ya que ésta requiere que se transformen estructuras visuales, distribuidas en el espacio, en estructuras auditivas, distribuidas en el tiempo. Al escribir al dictado se da el proceso inverso, y ambas estructuras espacio-temporales se integran en el proceso lectoescritor. Los sujetos dispráxicos presentan grandes dificultades para reproducir estructuras rítmicas.

COORDINACIÓN DINÁMICA Y VISOMANUAL

La coordinación consiste en la utilización de forma conjunta de distintos grupos musculares para la ejecución de una tarea compleja. Esto es posible porque patrones motores que anteriormente eran independientes se encadenan formando otros patrones que posteriormente serán automatizados. Una vez que se han automatizado determinados patrones la presentación de un determinado estímulo la secuencia de movimientos, por lo que el nivel de atención que se presta a la tarea disminuye, pudiendo dirigirse a otros aspectos más complejos de la misma o incluso a otra diferente.

La coordinación dinámica general juega un importante papel en la mejora de los mandos nerviosos y en la precisión de las sensaciones y percepciones. La ejercitación neuromuscular da lugar a un control de sí mismo que se refleja en la calidad, la precisión y el dominio en la ejecución de las tareas.

Para que el gesto sea correcto es necesario que se den las siguientes características motrices: precisión ligada al equilibrio general y a la independencia muscular, posibilidad de repetir el mismo gesto sin pérdida de precisión, independencia derecha-izquierda, adaptación al esfuerzo muscular, adaptación sensoriomotriz y adaptación ideomotriz (representación mental de los gestos a hacer para conseguir el acto deseado). Estas cualidades evolucionan en función de la madurez neuromotriz y del entrenamiento.

TONO MUSCULAR

Este concepto hace referencia al grado de contracción de los músculos pudiendo ir desde la hipertonía (tensión) a la hipotonía (relajación). Está sometido, en parte, a un control involuntario dependiente del sistema nervioso y, en parte, a un control voluntario. Se va regulando como consecuencia de distintas experiencias que se van teniendo en tanto que las mismas exijan un control del cuerpo para adecuar las acciones a los objetivos. Este aspecto repercute en el control postural y en el grado de extensibilidad de las extremidades. Es un factor relacionado con el mantenimiento y control de la atención, las emociones y la personalidad.

INDEPENDENCIA MOTRIZ

Consiste en la capacidad para controlar por separado cada segmento motor necesario para la ejecución de una determinada tarea, aspecto que se espera pueda realizarse correctamente en niños de 7/8 años.

CONTROL RESPIRATORIO

La respiración está vinculada a la percepción del propio cuerpo y a la atención interiorizada que controla el tono muscular y la relajación segmentaria. Hay una estrecha vinculación entre respiración y comportamiento. Existe evidencia de la relación entre el centro respiratorio y partes corticales y subcorticales del cerebro. La respiración depende del control voluntario e involuntario y está relacionada con la atención y la emoción. La toma de conciencia de cómo respiramos y la adecuación en cómo lo hacemos, tanto en lo referido a ritmo como a profundidad, son los aspectos fundamentales en el control respiratorio.

EQUILIBRIO

Reúne un conjunto de aptitudes estáticas y dinámicas incluyendo el control de la postura y el desarrollo de la locomoción. Es un paso esencial en el desarrollo neuropsicológico del niño ya que es clave para realizar cualquier acción coordinada e intencional. Cuanto menos equilibrio se tiene más energía se consume en la ejecución y coordinación de determinada acción, por lo que se acaba distrayendo la atención e incrementándose la ansiedad.


MOTRICIDAD GRUESA Y FINA

DESARROLLO PSICOMOTOR



MOTRICIDAD GRUESA Y FINA

Como se ha indicado anteriormente, el desarrollo motor de los niños depende principalmente de la maduración global física, del desarrollo esquelético y neuromuscular. Los logros motores que los niños van realizando son muy importantes en el desarrollo debido a que las sucesivas habilidades motoras que se van a ir adquiriendo hacen posible un mayor dominio del cuerpo y el entorno. Estos logros de los niños tienen una influencia importante en las relaciones sociales, ya que las expresiones de afecto y juego se incrementan cuando los niños se mueven independientemente y buscan a los padres para intercambiar saludos, abrazos y entretenimiento.

En el desarrollo motor pueden establecerse dos grandes categorías:

  •            Motricidad gruesa (locomoción y desarrollo postural)
  •            Motricidad fina (prensión).


El desarrollo motor grueso se refiere al control sobre acciones musculares más globales, como gatear, levantarse y andar. Las habilidades motoras finas implican a los músculos más pequeños del cuerpo utilizados para alcanzar, asir, manipular, hacer movimientos de tenazas, aplaudir, virar, abrir, torcer, garabatear. Por lo que las habilidades motoras finas incluyen un mayor grado de coordinación de músculos pequeños y entre ojo y mano. Al ir desarrollando el control de los músculos pequeños, los niños ganan en competencia e independencia porque pueden hacer muchas cosas por sí mismos.

Los logros motores de los niños han sido suficiente y repetidamente estudiados por pediatras, neurólogos, psicólogos, etc., hasta el punto de existir tablas de adquisición de conductas evolutivas, indicando los hitos del desarrollo motor y psicomotor. La revisión de la literatura existente (Bayley, 1977; Cratty, 1982; Gassier, 1990; Gesell y Amatruda, 1981; Illingworth, 1985; Maganto, 1996; Nelson, Vaughan, McKay, 1983; Newborg, Stock, Wnek, Guidubaldi y Svinicki, 1989; Rice, 1997; Secadas, 1988; Shaffer, 2000) ha servido para ofrecer una síntesis de la secuencia de conductas sobre motricidad gruesa y fina a lo largo del desarrollo.

Hasta los 3 años los aspectos más relevantes en relación al desarrollo psicomotor están relacionados con los desplazamientos corporales y la impulsividad de los movimientos por una insuficiente regulación del freno inhibitorio.

A partir de esta edad hay una progresiva equilibración de los movimientos, se eliminan gradualmente las asociaciones o sincinesias y se va marcando progresivamente la independencia segmentaria. Todo ello da lugar a una mayor precisión del dinamismo manual, a la aparición de gestos más diferenciados y al perfeccionamiento de la coordinación óculo-manual.

Entre 6 y 7 años ya los niños presentan una precisión general de los movimientos cuando éstos son efectuados a un ritmo normal. Los controles adquiridos y afirmados por el ejercicio sientan las bases para los aprendizajes escolares en los que la simultaneidad de movimientos exigirá un gran esfuerzo de tipo psicomotor. A esto se une la importancia de la atención, la acomodación de la postura y el manejo coordinado de los útiles a usar.

A partir de los 7 años y hasta los 10, el gesto va a ser regulado por el freno inhibitorio. Esto da lugar a un perfeccionamiento gradual de la precisión adquirida previamente y a la mecanización de los movimientos habituales junto con la aceleración de los mismos. A medida que avanza la edad del niño y se acrecienta su desarrollo físico aumenta la rapidez sin detrimento de la precisión del gesto, los movimientos se vuelven rápidos y precisos como consecuencia de la repetición continuada. Desde los 12 años en adelante, la precisión, rapidez y fuerza muscular se integran, dando al movimiento características adultas.
 MOTRICIDAD GRUESA













MOTRICIDAD FINA





DESARROLLO PSICOMOTOR

EL DESARROLLO PSICOMOTOR



CONCEPTO DE DESARROLLO

El desarrollo proviene de factores genéticos, considerados con frecuencia los responsables últimos del potencial biológico, así como de factores del medio ambiente, es decir, factores sociales, emocionales y culturales que interactúan entre sí de forma dinámica y modifican de forma significativa el potencial del crecimiento y desarrollo (Thelen, 1989).

La argumentación a favor de la herencia se basa en la previsibilidad de la conducta, lo que indica que los factores biológicos están fuertemente implicados en el desarrollo. Se basa, así mismo, en las secuencias madurativas que siguen dicho desarrollo y que se rigen por dos leyes fundamentales de la maduración: la ley de progresión céfalo caudal y la ley próximo distal. Así, el control motor de la cabeza se consigue antes que el de los brazos y el del tronco, y éste se logra antes que el de las piernas (secuencia céfalo caudal). De igual forma se domina la cabeza, el tronco y  los brazos antes que la coordinación de las manos y los dedos (secuencia próximo distal) (Illingworth, 1985; Nelson, Vaughan y McKay, 1983)

Sin embargo, la constatación de las diferencias individuales en la adquisición de las secuencias motóricas, así como el modo diferente que tienen los niños de conseguir dichas secuencias, aboga por la implicación de los factores ambientales. Está demostrado que la clase social, la nutrición, las enfermedades infantiles así como el estilo educativo familiar, son, entre otros, factores de importante repercusión en el desarrollo físico, psicomotor y adaptativo-social. Por otra parte, los estudios sobre conducta social, es decir, la atención visual selectiva a la faz humana, la atención preferencial a los sonidos agudos y femeninos, las respuestas sensomotoras y cinestésicas al contacto maternal cálido y rítmico, forman parte de las comprobaciones sobre las que se asienta la confirmación de que la capacidad de crear lazos sociales y vínculos emocionales va a ser la variable modeladora de desarrollo general del ser humano, incluido obviamente el desarrollo físico y psicomotor. Está demostrada la plasticidad del cerebro del bebé, es decir, la hipersensibilidad a los efectos de la experiencia, hasta el punto de que si una neurona no es estimulada de forma apropiada, ésta desaparece. Esto parece confirmar, como hemos indicado más arriba, que el desarrollo del cerebro es más el resultado de un programa biológico y de la experiencia inicial, que el resultado de un determinismo biológico (Berk, 1999; Illingworth, 1985; Shaffer, 2000).

Hay un consenso general entre los pediatras y psicólogos infantiles en considerar que el desarrollo sigue leyes de funcionamiento que explican las etapas de adquisición de las conductas (Berk, 1999; Nelson y cols., 1983; Rice, 1997; Shaffer, 2000). El desarrollo es un proceso continuo y progresivo desde el nacimiento a la adolescencia. Esto significa que unas etapas preceden a otras en secuencias ordenadas, y que las nuevas conductas integran las adquisiciones previas. Estos aspectos suponen que la capacidad de exploración del bebé le lleva a ensayar y poner en funcionamiento muchas respuestas diferentes en forma relativamente casual y descoordinada, pero que posteriormente el bebé selecciona las más eficaces para conseguir lo que se propone y aprende exactamente qué funciona y qué no funciona, integrando respuestas en un conjunto eficaz.
Es por tanto un proceso secuencial, un proceso en el que unas etapas tienen que ser antecesoras para convertirse en la base de otras nuevas.

Cuando las nuevas adquisiciones se practican repetidamente proporcionan respuestas voluntarias, dirigidas hacia un fin, cada vez más precisas y refinadas. Por ello es posible predecir las secuencias del desarrollo, ya que en un primer momento las conductas motoras y psicomotoras son variables en su aparición, pero se convierten en predecibles en la medida que se establecen como patrones de adquisición de otras nuevas. Este proceso de desarrollo comprende actividades continuas de exploración y selección a través de ensayo y error inicialmente, y, posteriormente, de planificación progresiva e intencional. Otra ley que funciona en el desarrollo es la irreversibilidad. Esta irreversibilidad se asienta en la maduración bioquímica y en los cambios estructurales del encéfalo que, de no mediar una patología, no pueden revertir. Sin embargo la conjunción de otros factores, como la nutrición, las posibilidades de movimiento del cuerpo, el apoyo ambiental hacia la destreza y la tarea que el niño tiene en mente, producen variaciones importantes en el niño. Por todo ello, como anteriormente hemos indicado, el desarrollo no está genéticamente preestablecido, ya que solo lo determina la herencia a un nivel muy general, en otros aspectos las condiciones ambientales promueven o retrasan dichas adquisiciones. La adaptabilidad que el desarrollo conlleva hace que las conductas permitan un mejor funcionamiento en diferentes áreas, y esta adaptabilidad va pareja a la diferenciación de las adquisiciones. Esto significa que en un determinado momento se pierde una habilidad específica para adquirir otra nueva, de lo contrario no sería posible el crecimiento adaptativo (gatear y andar). Todas estas leyes regulan el desarrollo del ser humano en proporciones variables dependiendo de la edad del sujeto y del tipo de conductas a las que nos estemos refiriendo.

Es importante hacer mención de la implicación del CEREBRO en dicho desarrollo. Siguiendo a Shaffer (2000) podemos decir que el cerebro tiene tres partes principales: el tronco cerebral, responsable del equilibrio y la coordinación; el cerebro medio, que controla la respiración y la deglución; y el cerebro propiamente dicho que incluye los dos hemisferios y el haz de nervios que los conecta. Los dos hemisferios están recubiertos por la corteza cerebral. La corteza cerebral, denominada también córtex, es la parte del cerebro más evolucionada y controla las acciones voluntarias, es decir, las funciones de más alto nivel. No toda la corteza cerebral madura uniformemente, sino que diferentes regiones de la corteza maduran a ritmos diferentes. La primera área en madurar es el área motora, seguida por el área sensorial y finalizando con las áreas asociativas. En este progresivo desarrollo se sabe que a los 6 meses, las áreas motoras primarias de la corteza cerebral se han desarrollado lo suficiente como para dirigir la mayor parte de los movimientos del bebé.

El proceso por el que las neuronas se recubren de mielina, la mielinización, ayuda a transmitir de manera rápida y eficiente los impulsos nerviosos, lo que a su vez aumenta la capacidad del niño para realizar actividades motoras más complejas como levantar la cabeza y el pecho, alcanzar con los brazos y las manos, rodar, sentarse, pararse y, al final, caminar y correr.



 

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