EL DESARROLLO PSICOMOTOR
CONCEPTO DE DESARROLLO
El desarrollo proviene de factores
genéticos, considerados con frecuencia los responsables últimos del potencial
biológico, así como de factores del medio ambiente, es decir, factores
sociales, emocionales y culturales que interactúan entre sí de forma dinámica y
modifican de forma significativa el potencial del crecimiento y desarrollo
(Thelen, 1989).
La argumentación a favor de la
herencia se basa en la previsibilidad de la conducta, lo que indica que los
factores biológicos están fuertemente implicados en el desarrollo. Se basa, así
mismo, en las secuencias madurativas que siguen dicho desarrollo y que se rigen
por dos leyes fundamentales de la maduración: la ley de progresión céfalo
caudal y la ley próximo distal. Así, el control motor de la cabeza se consigue
antes que el de los brazos y el del tronco, y éste se logra antes que el de las
piernas (secuencia céfalo caudal). De igual forma se domina la cabeza, el
tronco y los brazos antes que la
coordinación de las manos y los dedos (secuencia próximo distal) (Illingworth,
1985; Nelson, Vaughan y McKay, 1983)
Sin embargo, la constatación de
las diferencias individuales en la adquisición de las secuencias motóricas, así
como el modo diferente que tienen los niños de conseguir dichas secuencias,
aboga por la implicación de los factores ambientales. Está demostrado que la
clase social, la nutrición, las enfermedades infantiles así como el estilo
educativo familiar, son, entre otros, factores de importante repercusión en el
desarrollo físico, psicomotor y adaptativo-social. Por otra parte, los estudios
sobre conducta social, es decir, la atención visual selectiva a la faz humana,
la atención preferencial a los sonidos agudos y femeninos, las respuestas
sensomotoras y cinestésicas al contacto maternal cálido y rítmico, forman parte
de las comprobaciones sobre las que se asienta la confirmación de que la
capacidad de crear lazos sociales y vínculos emocionales va a ser la variable
modeladora de desarrollo general del ser humano, incluido obviamente el
desarrollo físico y psicomotor. Está demostrada la plasticidad del cerebro del
bebé, es decir, la hipersensibilidad a los efectos de la experiencia, hasta el
punto de que si una neurona no es estimulada de forma apropiada, ésta
desaparece. Esto parece confirmar, como hemos indicado más arriba, que el
desarrollo del cerebro es más el resultado de un programa biológico y de la
experiencia inicial, que el resultado de un determinismo biológico (Berk, 1999;
Illingworth, 1985; Shaffer, 2000).
Hay un consenso general entre los
pediatras y psicólogos infantiles en considerar que el desarrollo sigue leyes
de funcionamiento que explican las etapas de adquisición de las conductas
(Berk, 1999; Nelson y cols., 1983; Rice, 1997; Shaffer, 2000). El desarrollo es
un proceso continuo y progresivo desde el nacimiento a la adolescencia. Esto
significa que unas etapas preceden a otras en secuencias ordenadas, y que las
nuevas conductas integran las adquisiciones previas. Estos aspectos suponen que
la capacidad de exploración del bebé le lleva a ensayar y poner en funcionamiento
muchas respuestas diferentes en forma relativamente casual y descoordinada,
pero que posteriormente el bebé selecciona las más eficaces para conseguir lo
que se propone y aprende exactamente qué funciona y qué no funciona, integrando
respuestas en un conjunto eficaz.
Es por tanto un proceso
secuencial, un proceso en el que unas etapas tienen que ser antecesoras para
convertirse en la base de otras nuevas.
Cuando las nuevas adquisiciones
se practican repetidamente proporcionan respuestas voluntarias, dirigidas hacia
un fin, cada vez más precisas y refinadas. Por ello es posible predecir las
secuencias del desarrollo, ya que en un primer momento las conductas motoras y
psicomotoras son variables en su aparición, pero se convierten en predecibles en
la medida que se establecen como patrones de adquisición de otras nuevas. Este
proceso de desarrollo comprende actividades continuas de exploración y
selección a través de ensayo y error inicialmente, y, posteriormente, de
planificación progresiva e intencional. Otra ley que funciona en el desarrollo
es la irreversibilidad. Esta irreversibilidad se asienta en la maduración
bioquímica y en los cambios estructurales del encéfalo que, de no mediar una patología,
no pueden revertir. Sin embargo la conjunción de otros factores, como la
nutrición, las posibilidades de movimiento del cuerpo, el apoyo ambiental hacia
la destreza y la tarea que el niño tiene en mente, producen variaciones
importantes en el niño. Por todo ello, como anteriormente hemos indicado, el desarrollo
no está genéticamente preestablecido, ya que solo lo determina la herencia a un
nivel muy general, en otros aspectos las condiciones ambientales promueven o retrasan
dichas adquisiciones. La adaptabilidad que el desarrollo conlleva hace que las
conductas permitan un mejor funcionamiento en diferentes áreas, y esta
adaptabilidad va pareja a la diferenciación de las adquisiciones. Esto
significa que en un determinado momento se pierde una habilidad específica para
adquirir otra nueva, de lo contrario no sería posible el crecimiento adaptativo
(gatear y andar). Todas estas leyes regulan el desarrollo del ser humano en proporciones
variables dependiendo de la edad del sujeto y del tipo de conductas a las que
nos estemos refiriendo.
Es importante hacer mención de la
implicación del CEREBRO en dicho desarrollo. Siguiendo a Shaffer (2000) podemos
decir que el cerebro tiene tres partes principales: el tronco cerebral,
responsable del equilibrio y la coordinación; el cerebro medio, que controla la
respiración y la deglución; y el cerebro propiamente dicho que incluye los dos
hemisferios y el haz de nervios que los conecta. Los dos hemisferios están
recubiertos por la corteza cerebral. La corteza cerebral, denominada también
córtex, es la parte del cerebro más evolucionada y controla las acciones
voluntarias, es decir, las funciones de más alto nivel. No toda la corteza
cerebral madura uniformemente, sino que diferentes regiones de la corteza
maduran a ritmos diferentes. La primera área en madurar es el área motora,
seguida por el área sensorial y finalizando con las áreas asociativas. En este progresivo
desarrollo se sabe que a los 6 meses, las áreas motoras primarias de la corteza
cerebral se han desarrollado lo suficiente como para dirigir la mayor parte de
los movimientos del bebé.
El proceso por el que las neuronas
se recubren de mielina, la mielinización, ayuda a transmitir de manera rápida y
eficiente los impulsos nerviosos, lo que a su vez aumenta la capacidad del niño
para realizar actividades motoras más complejas como levantar la cabeza y el
pecho, alcanzar con los brazos y las manos, rodar, sentarse, pararse y, al
final, caminar y correr.

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