ASPECTOS DEL DESARROLLO
PSICOMOTOR
El
término psicomotricidad tiene dos acepciones básicas. Para algunos, como García
y Martínez (1991), la psicomotricidad supone la interrelación entre las
funciones neuromotrices y las funciones psíquicas en el ser humano. Para otros,
hace referencia al conjunto de técnicas encaminadas a un desarrollo global que,
partiendo de la educación del movimiento y gesto, posibilite alcanzar la
función simbólica y la interacción correcta con el medio ambiente. En la
actualidad la psicomotricidad contempla ambas acepciones. Basándonos
fundamentalmente en los trabajos de Cobos (1999) y Picq y Vayer (1977)
exponemos aquí aquellos aspectos del desarrollo psicomotor que son la base de
los aprendizajes escolares. Estos aspectos son los que han generado más
investigación, mayor número de programas y estrategias de intervención.
ESQUEMA CORPORAL
Según
Ballesteros (1982), este concepto se puede definir como la representación que
tenemos de nuestro cuerpo, de los diferentes segmentos, de sus posibilidades de
movimiento y de acción, así como de sus diversas limitaciones. Es un proceso
complejo ligado a procesos perceptivos, cognitivos y práxicos, que comienza a
partir del nacimiento y finaliza en la pubertad, interviniendo en el mismo la maduración
neurológica y sensitiva, la interacción social y el desarrollo del lenguaje.
Las
experiencias producidas por el movimiento, los resultados de dicho movimiento y
la percepción del cuerpo de otros sientan las bases sobre las que se va a
elaborar la percepción del cuerpo propio. Durante el segundo año de vida el
niño manifiesta una progresiva diferenciación de algunas partes del cuerpo y en
el tercero, los niños son capaces de identificar ojos, boca, orejas, nariz,
manos, brazos, pies y piernas.
El
lenguaje va a jugar un papel esencial en la construcción del esquema corporal,
ya que además de permitir nombrar las partes que componen el cuerpo, como
regulador de las secuencias de actos motores en la interacción con el ambiente
a través del juego. La representación corporal hace posible la utilización del
cuerpo de forma coordinada mediante el ajuste de la acción a lo que se quiere o
desea.
Entre
los 2 y 5 años los niños van mejorando la imagen de su cuerpo y los elementos
que lo integran, van perfeccionando movimientos, estabilizando su
lateralización y conquistando el espacio, relacionándose y actuando en él.
Aunque entre 5 y 6 años el esquema corporal es bastante bueno en cuanto a la
calidad de los movimientos y a la representación que se tiene del mismo,
todavía se deben dominar conceptos espaciotemporales que permitan situarse
adecuadamente en el espacio, en el tiempo y con relación a los objetos. De 6 a
12 años se sigue perfeccionando el esquema corporal, el movimiento se hace más
reflexivo, permitiendo una potenciación de la representación mental del cuerpo
y del movimiento en función del tiempo y el espacio.
Los
trastornos del esquema corporal, si no se deben a una causa de tipo
neurológico, se relacionan con déficits en su conocimiento o en su representación
simbólica, por una inadecuada lateralización, concepción espacial o por no
poder situar el cuerpo como un objeto en el campo de la relación.
Se
considera que un niño presenta un retraso en la elaboración del esquema
corporal si a los 3 años no es capaz de reconocer, señalando o nombrando, los
elementos de la cara, o si a los 6 no lo reconociera en sí mismo o no pudiera
representarlo, además es esperable que a esta edad los niños distingan su
derecha e izquierda y conozcan algunos conceptos espacio-temporales sencillos
como arriba/abajo, delante/detrás, primero/último, ayer/mañana, etc.
LATERALIDAD
El
cuerpo humano aunque a nivel anatómico es simétrico, a nivel funcional es
asimétrico. El término lateralidad se refiere a la preferencia de utilización
de una de las partes simétricas del cuerpo humano, mano, ojo, oído y pie. El
proceso por el cual se desarrolla recibe el nombre de lateralización y depende
de la dominancia hemisférica. Así, si la dominancia hemisférica es izquierda se
presenta una dominancia lateral derecha, y viceversa. El que una persona sea
diestra o zurda depende del proceso de lateralización. Se considera que un niño
está homogéneamente lateralizado si usa de forma consistente los elementos de
un determinado lado, sea éste el derecho (diestro) o el izquierdo (zurdo).
Cuando la ejecución de un sujeto con una mano sea tan buena como con la otra se
le denomina ambidextro. Mora y Palacios (1990) establecen que la lateralización
se produce entre los 3 y los 6 años.
Si
un niño de 5 años no tiene todavía definida su dominancia lateral,
especialmente, la referente a la mano, es necesario reconducir la misma hacia
el lado o mano con la que el sujeto se muestre más hábil y/o preciso.
ESTRUCTURACIÓN
ESPACIO-TEMPORAL
La
orientación espacial implica establecer relaciones entre el cuerpo y los demás
objetos, está asociada al espacio perceptivo e incluye esencialmente relaciones
topológicas. La estructuración del espacio conlleva adquirir nociones de
conservación, distancia, reversibilidad, etc., por lo que se convierte en un
proceso largo que se va configurando desde los planos más sencillos (arriba,
abajo, delante, atrás...) a los más complejos (derecha-izquierda), dándose
primero en la acción y pasando posteriormente a ser representados en uno mismo,
en el otro y en el espacio con los objetos.
No
hay que confundir la dominancia lateral con discriminar las nociones espaciales
derecha-izquierda en sí mismo o en los otros. El concepto derecha-izquierda se
va configurando entre los 5 y los 8 años.
Generalmente
los niños de 6 años tienen adquiridos los conceptos básicos espaciales y la
noción derecha-izquierda sobre sí mismo. La discriminación de la derecha e
izquierda de otro situado enfrente se consigue a partir de los 8 años y la
posición relativa de tres objetos a los 11-12 años.
El
conocimiento de estos conceptos es fundamental cara a los aprendizajes
escolares, ya que el desconocimiento de los mismos se relaciona con
alteraciones de la lectura (dislexia), de la escritura (disgrafía) y
dispraxias.
La
estructuración temporal tiene 2 componentes principales: el orden y la
duración. El orden permite tomar conciencia de la secuencia de los acontecimientos
y la duración permite establecer el principio y final de los mismos. El ritmo
sintetiza ambos elementos constituyendo la base de la experiencia temporal.
La
evolución de la comprensión del orden y la duración tiene lugar de los 2 a los
12 años. Los niños de 2 a 6 años tienen dificultades para establecer
seriaciones cronológicas y lógicas de los acontecimientos, pero cuando tienen
de 7 a 12 años pueden realizar tareas lógicas que impliquen la conservación, la
reversibilidad y los ordenamientos, lo que va a ayudar a que las nociones
temporales se adquieran completamente.
La
íntima relación entre ritmo y motricidad se pone de manifiesto en el movimiento.
Igualmente relacionados están el ritmo y la lectura al principio de su
aprendizaje, ya que ésta requiere que se transformen estructuras visuales,
distribuidas en el espacio, en estructuras auditivas, distribuidas en el
tiempo. Al escribir al dictado se da el proceso inverso, y ambas estructuras
espacio-temporales se integran en el proceso lectoescritor. Los sujetos
dispráxicos presentan grandes dificultades para reproducir estructuras rítmicas.
COORDINACIÓN DINÁMICA Y
VISOMANUAL
La
coordinación consiste en la utilización de forma conjunta de distintos grupos
musculares para la ejecución de una tarea compleja. Esto es posible porque
patrones motores que anteriormente eran independientes se encadenan formando
otros patrones que posteriormente serán automatizados. Una vez que se han automatizado
determinados patrones la presentación de un determinado estímulo la secuencia
de movimientos, por lo que el nivel de atención que se presta a la tarea
disminuye, pudiendo dirigirse a otros aspectos más complejos de la misma o
incluso a otra diferente.
La
coordinación dinámica general juega un importante papel en la mejora de los
mandos nerviosos y en la precisión de las sensaciones y percepciones. La
ejercitación neuromuscular da lugar a un control de sí mismo que se refleja en
la calidad, la precisión y el dominio en la ejecución de las tareas.
Para
que el gesto sea correcto es necesario que se den las siguientes
características motrices: precisión ligada al equilibrio general y a la
independencia muscular, posibilidad de repetir el mismo gesto sin pérdida de
precisión, independencia derecha-izquierda, adaptación al esfuerzo muscular,
adaptación sensoriomotriz y adaptación ideomotriz (representación mental de los
gestos a hacer para conseguir el acto deseado). Estas cualidades evolucionan en
función de la madurez neuromotriz y del entrenamiento.
TONO MUSCULAR
Este
concepto hace referencia al grado de contracción de los músculos pudiendo ir
desde la hipertonía (tensión) a la hipotonía (relajación). Está sometido, en
parte, a un control involuntario dependiente del sistema nervioso y, en parte,
a un control voluntario. Se va regulando como consecuencia de distintas
experiencias que se van teniendo en tanto que las mismas exijan un control del
cuerpo para adecuar las acciones a los objetivos. Este aspecto repercute en el
control postural y en el grado de extensibilidad de las extremidades. Es un
factor relacionado con el mantenimiento y control de la atención, las emociones
y la personalidad.
INDEPENDENCIA MOTRIZ
Consiste
en la capacidad para controlar por separado cada segmento motor necesario para
la ejecución de una determinada tarea, aspecto que se espera pueda realizarse
correctamente en niños de 7/8 años.
CONTROL RESPIRATORIO
La
respiración está vinculada a la percepción del propio cuerpo y a la atención
interiorizada que controla el tono muscular y la relajación segmentaria. Hay
una estrecha vinculación entre respiración y comportamiento. Existe evidencia
de la relación entre el centro respiratorio y partes corticales y subcorticales
del cerebro. La respiración depende del control voluntario e involuntario y
está relacionada con la atención y la emoción. La toma de conciencia de cómo
respiramos y la adecuación en cómo lo hacemos, tanto en lo referido a ritmo
como a profundidad, son los aspectos fundamentales en el control respiratorio.
EQUILIBRIO
Reúne
un conjunto de aptitudes estáticas y dinámicas incluyendo el control de la
postura y el desarrollo de la locomoción. Es un paso esencial en el desarrollo
neuropsicológico del niño ya que es clave para realizar cualquier acción
coordinada e intencional. Cuanto menos equilibrio se tiene más energía se
consume en la ejecución y coordinación de determinada acción, por lo que se
acaba distrayendo la atención e incrementándose la ansiedad.

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